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Cooperativa de Viviendas por Ayuda Mutua Adherida a FUCVAM

 

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Boletín Nº10

Abril 2007

 

 

 

 

 

 

Las comisiones de obra y trabajo

fuente: www.fucvam.org.uy

 

La Ley de Vivienda especifica como órganos integrantes de las Cooperativas a la Asamblea General, el Consejo Directivo y las Comisiones Fiscal y de Fomento Cooperativo (Art. 138). El  decreto que reglamentó la Ley en 1969

(633/69) agrega a estos órganos una Comisión Electoral con competencia específica en ese tema y establece con detalle las potestades y cometidos de todas ellas.

A su vez, el Estatuto Tipo que maneja FUCVAM -y la enorme mayoría de los estatutos de las cooperativas

existentes- no hace referencia a otros órganos que los citados, aunque se menciona como una de las funciones del Consejo Directivo “(...) proponer a la Asamblea general la

formación e integración de las comisiones que considere necesarias para el mejor funcionamiento de la cooperativa”.

En todas estas referencias, por consiguiente, no aparecen por ningún lado ni la Comisión de Trabajo o Ayuda Mutua ni la de Obra, que sin embargo son vitales en el engranaje organizativo de la cooperativa durante la construcción de las viviendas.

Por lo mismo que dichas comisiones no tienen una existencia jurídica obligatoria ni un marco legal o reglamentario que regule su actuación, ésta presenta diferencias muy marcadas de una cooperativa  a otra y a veces, inclusive, en la misma cooperativa, de acuerdo al perfil de quienes ocupen los diferentes cargos.

Clarificar los roles de estas comisiones, cuál es su relación con los restantes órganos y su ubicación en el organigrama, qué deben hacer y qué no les corresponde,  resultan por ello cuestiones del mayor interés.

En las figs. 1 y 2, se esquematiza el organigrama de una cooperativa: el general, que corresponde a toda su vida, salvo la etapa de obra, y el que se utiliza durante ésta.  En el segundo gráfico, por razones de claridad se ha omitido a las Comisiones Electoral y de Fomento, que siguen actuando en esa etapa, con las mismas funciones y las mismas relaciones de dependencia/independencia, y la de Fomento, en  particular, con  una importancia redoblada.

De los dos esquemas pueden extraerse ya algunas conclusiones interesantes:

A) durante la obra aparecen nuevas comisiones (las ya citadas de Trabajo y Obra, eventualmente la de Compras), pero también nuevos actores: el Instituto Asesor, el Capataz, el Administrador -si lo hay-, los obreros contratados. Y un actor que ya existía -los cooperativistas- adquiere ahora un nuevo papel: el de realizar parte de la mano de obra necesaria para construir las viviendas;

B) en los dos casos, la Asamblea es el órgano máximo, de acuerdo a lo que establece la legislación y a lo que resulta del funcionamiento democrático; el Consejo Directivo, también en los dos casos, tiene “la más amplia competencia en materia de administración, disposición y gravamen del patrimonio social y la realización de los actos y contratos tendientes al cumplimiento de los fines de la cooperativa” (Art. 40 del Decreto 633/69), de modo que es el ejecutor de los lineamientos que establece la Asamblea como órgano máximo;

C) respecto de los demás órganos, aunque las disposiciones legales no lo establecen directamente, es claro que ni la Comisión Fiscal (encargada de controlar la actuación de los restantes órganos) ni la Comisión Electoral, por su función específica, pueden depender del Consejo Directivo, sino exclusivamente de la Asamblea General. El caso de la Comisión de Fomento no es tan claro y posiblemente -pese a la opción tomada en la Fig. 1- sea discutible si depende o no del Consejo Directivo. Pero eso no es tema de este artículo;

D) es bastante más claro, en cambio, que las Comisiones de Obra y de Trabajo son subcomisiones operativas del Consejo Directivo, a las cuales éste puede delegar determinadas funciones, pero en cualquier caso ad-referéndum de lo que disponga aquél que, no lo olvidemos, es el responsable de la administración del patrimonio cooperativo y de llevar adelante la consecución de los objetivos del colectivo;

E) en la fig. 2 se esquematiza con trazo lleno las líneas de dependencia y con punteado las de asesoramiento; ello permite visualizar que tanto el Instituto Asesor como el Capataz y el Administrador actúan precisamente cumpliendo una función asesora -sin perjuicio de las responsabilidades ejecutivas que asumen los dos últimos-; esa función abarca a todos los órganos de la Cooperativa y en particular a las dos Comisiones que estamos analizando.

¿Cuál es la función de las comisiones de Obra y de Trabajo? La primera asesora a la Comisión Directiva y a la Asamblea en todo lo relacionado con la marcha de las obras,

colaborando en su planificación general y en la elaboración de los planes mensuales y semanales; en la evaluación de las actividades, control de calidad de los trabajos, utilización de materiales y en todo lo que se traduzca en un mejor uso de los recursos. Eventualmente puede encargarse también del manejo del pañol y del inventario de estoc, así como de lo que genéricamente se llama “Compras”: adquisición de materiales y otros insumos, compra o alquiler de máquinas y equipos, contratación de empresas, etc., tareas éstas que pueden ser cumplidas asimismo por una Sub-Comisión especial de Compras o por el propio Consejo Directivo.

En cambio, es competencia de la Comisión de Trabajo, organizar -con el Capataz- los equipos de trabajo y horarios; recibir y coordinar los compromisos de ayuda mutua de los socios; realizar las evaluaciones de cumplimiento de los mismos y entender en la justificación de las faltas; establecer planes de recuperación de horas con los socios que lo precisen; informar las solicitudes de licencia y la adjudicación de horas solidarias, y proponer al Consejo Directivo la aplicación de sanciones en los casos de inasistencias, omisiones o faltas disciplinarias.

Es claro que el número de subcomisiones que se cree, la cantidad de integrantes de las mismas y aún su propia existencia, dependen de la complejidad del programa y del tamaño de la cooperativa: así como la propia Ley permite que en las cooperativas de menos de veinte integrantes no exista las Comisión Fiscal ni la de Fomento, haciendo sus veces la propia Asamblea General (Art. 147), también resulta lógico que en una cooperativa de reciclaje de seis familias el Consejo Directivo asuma directamente las funciones de las comisiones de Obra y de Trabajo.

De cualquier forma no debe perderse de vista que la dificultad de algunas tareas no es necesariamente proporcional al número de viviendas: sí pueden serlo las actividades de seguimiento y control, pero en cambio difícilmente será muy diferente la responsabilidad de las compras. Es frecuente que en las cooperativas chicas las comisiones de Obra y de Trabajo tengan solamente tres miembros, mientras en las mayores pueden ser de cinco y hasta siete: la tradición recomienda el número impar, que facilita la existencia de mayorías, aunque en una comisión asesora, mejor que decidir por un voto es trasladar al órgano ejecutivo las diferentes posiciones, con sus pro y sus contra.

Respecto de la integración de las Comisiones de Obra y de Trabajo, numerosos Reglamentos de cooperativas especifican la inclusión en ellas, como miembros plenos, del Capataz y el Director o Directora de Obra, en el caso de la primera y del o la Asistente Social en la de Trabajo. Tratándose de comisiones asesoras, la integración a las mismas de personas que no son cooperativistas no implica formalmente una intromisión en la autogestión, pero de cualquier modo el hecho resulta curioso y contribuye a una confusión de roles, porque no es lo mismo participar que ser integrante.

Por ello lo más razonable es que las comisiones estén integradas por cooperativistas y que Capataz, Administrador y técnicos del IAT actúen como asesores.

El funcionamiento democrático indica que es importante que los diferentes ámbitos en que él se ejerce sean lo más abiertos y transparentes posibles: eso vale tanto para el Consejo Directivo y las Comisiones Fiscal y de Fomento como para las subcomisiones operativas que se creen, incluidas las de Obra y Trabajo. La cuestión es que esa apertura sea compatible con el buen funcionamiento de esos órganos y que los mismos no se transformen en lugares donde se discute lo que debe discutirse en la Asamblea. Los límites en estos casos siempre son difíciles de establecer, pero ello será más sencillo si todo el grupo asume que las comisiones deben ser ámbitos de apoyo a la ejecución y no de deliberación.

 

Los reglamentos plantean asimismo, generalmente, que uno de los miembros de la Comisión de Obra, así como uno de la Comisión de Trabajo deban ser directivos. De ese modo se busca mejorar la coordinación entre los diferentes órganos, pero no debe entenderse que esa presencia transforma a las comisiones asesoras en órganos decisores, porque un directivo no es el Consejo Directivo y porque el hecho que las decisiones ejecutivas pasen en última instancia por éste no tiene un propósito verticalista sino el de adjudicar la responsabilidad al órgano que maneja el conjunto de la problemática y en consecuencia está en mejor situación para decidir. Esto sin perjuicio de que la directiva resuelva por razones de mejor funcionamiento, delegar ciertas áreas de decisión.

Aquí está una de las claves del buen funcionamiento de una cooperativa (de vivienda, como de cualquier otra rama de actividad): que la división de tareas funcione adecuadamente, que cada familia o cada equipo de trabajo tenga claro cuál es su rol dentro del grupo y qué es lo que tiene que hacer para contribuir al éxito de la empresa. Y que tenga  claro también que no contribuye a ese éxito si no hace lo que debe hacer, pero tampoco si asume responsabilidades que no le corresponden, porque en ese caso no sólo probablemente no cumpla bien las que sí son suyas, sino que además estará creando un conflicto dentro del grupo.

Lo ideal, si es posible, es que todos trabajen en equipo, coordinando y apoyándose mutuamente. Pero si no es posible, o no es fácil, y eso pasa a menudo en los grupos humanos, lo importante es  que cada cual haga bien lo que se le encomendó que hiciera.

Un comentario final: pocas veces se piensa que los integrantes de la Comisión de Trabajo tengan que ser administradores de personal, sicólogos o asistentes sociales; sin embargo, existe la creencia generalizada que los de la Comisión de Obra tienen que ser del “oficio”. Indudablemente, cualquier actividad se desempeña mejor si quien la lleva a cabo conoce sus reglas básicas y por ello resulta positivo que quienes van a actuar en comisiones especializadas tengan  conocimiento de los temas que van a manejar. Pero eso, como requisito previo, en nuestra opinión no es imprescindible: en el cooperativismo de ayuda mutua se parte de la base que lo que no se sabe, puede aprenderse, y por ello personas que no conocían nada de construcción han sido eficaces integrantes de comisiones de Obra y personas que nunca antes habían desempeñado tareas parecidas han sido eficaces integrantes de comisiones de Trabajo. Y en cambio, hay ejemplos de que personas “que conocían” no funcionaron bien en esos ámbitos, a veces porque creían que conocían más de lo que realmente conocían. Entonces, sobre esto tampoco hay reglas: la única regla que realmente vale es que cada uno haga lo mejor que puede, porque eso, en  definitiva, es lo que da fuerza a un colectivo.

 

 

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